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Creo que uno de los mayores regalos en la vida es la lectura placer, en ella encuentras cosas bellas, hermosas, profundas, libros que te alimentan y te enriquecen. Esos que nos dan materia prima para ser la mejor versión de nosotros mismos. Por eso hoy quiero comentarles de un libro que para mí es algo de las cosas más bellas de la vida. Ojo: lo leí con 22 años. Este libro es El Principito, del escritor francés Antoine de Saint Exupéry, ha sido traducido a 250 idiomas, de los más vendidos de todos los tiempos. Dicen muchos que lo puede leer y “comprender” lo mismo un niño de siete años que un adulto de 80.

¿Qué volá con El Principito?

Sí, y todo eso es válido, todo muy bien. Pero…EL PRINCIPITO NO LO ENTIENDEN LOS NIÑOS. Sí, exacto. No inventen más los ilustrados del tema, o los que pretenden serlo. El Principito, hermoso ejemplar, que te deja una huella indeleble cuando lo lees, es un tabaco para un niño. Y no hablo de “un niño magnífico de siete años”, hablo de un promedio de edad entre los cinco y los 15 años. No lo entienden. Esa media adolescente que anda “perreando” con Bad Bunny o imitando a Camila Cabello, no le abre el pecho al señor Antoine de Saint Exupéry. Error al recomendarlo en las escuelas. Craso error.

Yo hablaba con una gran amiga, que le sabe un mundo a la materia, y me decía: claro que no, mija. Es que la historia es tan tabaca que no se la pueden tragar los niños, y ya no hablemos de los mensajes filosóficos, místicos y espirituales, ahí ya se duermen.

¿Por qué la gente es tan chea?

“Además, Gretther, ¿por qué la gente es tan chea? Sale el tema de conversación y te sueltan así, con una tranquilidad: “yo le leo El principito a mi niño. Y uno se queda así mirándolo como Calamardo a Bob Esponja, y se dice: ¿en serio? Con la cantidad de libros amenos, graciosos, interesantes que existen para leerles a los niños y tú te me haces el esnobista y le lees el Principito… ¿para qué? Para darle con un bloque en la cabeza y que se duerma rápido, ¿no? Yo cogiera a esos padres y les diera un “sombrerazo con elefante incluido”.

Porque caballero, El Principito, y con el perdón del señor Antoine, es complejo, es nefasto para motivar a un niño a que lea. Tú le das a un niño ese libro para que se interese en la lectura y le hace rechazo a cualquier cosa que le cuelguen hojas de papel. Así de plano.

Entonces, a lo que iba. Si tienen hijos y quieren que lean, no les metan por los ojos al niñito rubio con oveja en mano. Esa es una relación más complicada, hay que dejar que surja sola, que fluya. Ya cuando crezcan, que tengan el piojo de la lectura en vena, dejen como al descuido el libro sobre la mesa.

Si lo cogen y abren la primera página, leen la primera línea, luego se tiran en el sofá y no pueden parar de leer, entonces sí, digan que a su hijo, al niño eterno que siempre será nuestro hijo, le gusta El Principito con su rosa, su zorra y todas las galaxias. No debemos apurar las cosas, todo es un proceso y leer ese trozo de libro también lo es.