Seleccionar página

Pasó hace medio siglo. La película se titulaba PM, trata sobre la noche habanera y tras 50 años todavía se sienten sus influjos.

El documental fue realizado por Orlando Jiménez Leal, a quien apoyaba, como editor, Sabá Cabrera, hermano menor de Guillermo Cabrera Infante.

El Corto PM o “se acabó la diversión…”

Trabajaban en televisión. La Revolución había lanzado la alerta ante una invasión norteamericana de la isla. Y los informativos en los que trabajaba Orlando, entonces un camarógrafo de 18 años, le envió a buscar material que demostrara que la gente se estaba armando patrióticamente contra el invasor.

Regresó con cuatro minutos que decían todo lo contrario. La gente seguía la rumba; La Habana no había sido poseída, dice ahora el cineasta, ni por el miedo ni por la patria; “de hecho”, dice, “una negra propuso: ‘Oye, chico, ¿y por qué en lugar de Patria o Muerte no decimos Patria o Lesiones leves?”.

El corto PM arrojado a la basura

Ese material fue a la basura. El clima cultural que había en Cuba estaba marcado por Lunes de Revolución, la revista que dirigía Guillermo Cabrera Infante; en aquella atmósfera trabajaban Carlos Franqui y Néstor Almendros… Orlando creyó que se podía prolongar ese material para retratar La Habana de noche.

Se apoyó en Sabá Cabrera, y pusieron las cámaras, sin luces, ante paisajes nocturnos en los que la rumba y los tragos eran el paisaje que se movía, como sombras en la noche.

corto PM

Filmaron en diciembre de 1960. Editaron el filme en enero, y percibieron “que alguien andaba espiando”. Era Alfredo Guevara, el ñanga del cine cubano hasta hace pocos años. Estrenaron PM [Pasado Meridiano] en la tele. “Y la recepción fue muy buena”. Néstor Almendros escribió en Bohemia: “He aquí una película corta cubana que resulta una auténtica joya del cine experimental”.

Iba a ser, pues, una sorpresa, e iba a ser única, Néstor tenía razón. PM era, según el legendario cineasta cubano, “un pequeño filme (…) que recoge fielmente toda la atmósfera de la vida nocturna”. “El procedimiento”, proseguía, “no puede ser más simple: es el del cine espontáneo, el free cinema que tanto auge tiene ahora en el mundo”.

A la admiración siguió la bala de la censura, que ya estaba en posición de disparo. Para el estreno en cines necesitaban la aprobación de una junta que aún obedecía leyes de Batista. Y fue entonces cuando se encontraron con la pared enfrente.

“La película no solo está prohibida sino que se halla confiscada”, le dijeron a Jiménez Leal. La orden era de Guevara (Alfredo). Se desencadenó un tumulto que se llevó por delante las aspiraciones de libertad del grupo que nucleaba el mayor de los Cabrera Infante: Guillermo.

 PM condujo al exilio, en uno u otro momento, a Guillermo Cabrera Infante, a su hermano Sabá, a Orlando Jiménez Leal, a Néstor Almendros, que tuvo una destacada participación en el repudio que desató la prohibición de la película.

¿Y por qué? Orlando cree que se aprovechó la circunstancia para lanzar un mensaje: todo tenía que ser revolucionario, o aparentemente revolucionario; la película “no glorificaba al hombre según la estética del realismo socialista; nosotros hacíamos, más bien, un surrealismo socialista; les pareció un reportaje irreverente. PM no podía ser”.

En la reunión plenaria, de escritores con Fidel, este puso la pistola sobre la mesa, explicó que o se estaba con la Revolución o contra la Revolución. Y mandó parar, exactamente. “Ahí”, dicho por Jiménez Leal, “se acabó la rumba, se terminó la fiesta”. Néstor se fue gritando: “¡Eso le hizo Stalin a Eisenstein!”.

Ahí ensayaron Fidel y sus compañeros lo que pasaría luego. “Lo de Heberto Padilla fue una versión remasterizada y en color de lo que pasó con PM. Ahí se inició la diáspora”.