Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera”.

Con este convencional principio comienza Pedro Páramo, obra maestra de Juan Rulfo, en la que se ponen en práctica las numerosas técnicas de la novela experimental que se convertirán más tarde en señas de identidad de la narrativa del Boom. Superación definitiva de la novela gauchesca y regionalista, Pedro Páramo consigue integrar perfectamente lo esencialmente mexicano con lo universal, la tradición amerindia con la narrativa europea, los mitos indígenas con los mitos clásicos.

La premisa inicial no podría ser más sencilla: Juan Preciado, tras la muerte de su madre, decide viajar a Comala, en busca de su padre y sus orígenes. A partir de este punto, nada hay convencional. La obra se estructura en forma de narrativa fragmentaria, sin agrupación en capítulos ni partes; donde presente y pasado se entrelazan de forma continua para relatar el viaje de Juan Preciado y, especialmente, la historia de Comala. Múltiples fragmentos, múltiples tiempos y un solo espacio asfixiante descrito con características indígenas, mitológicas e infernales, son los cimientos sobre los que se construye Pedro Páramo.

Sobre estos cimientos se erige la historia de un pueblo y su cacique, Pedro Páramo, cuya sombra, desde el título, se extiende sobre toda la obra. Las innovaciones narrativas están al servicio de la construcción del personaje: los saltos temporales nos dan una perspectiva completa de su vida, y el fragmentarismo nos transmite su degradación y la progresiva destrucción de Comala que esta conlleva.

De este modo, Pedro Páramo se convierte en una crítica absoluta del abuso del poder, centrada en el cacique Páramo, y fiel reflejo de la sociedad mexicana de principios del siglo XX. Historia y molde fragmentario están diseñados para transmitir al lector la sensación de estar atrapado en un momento histórico asfixiante, decadente e irremediablemente cíclico.

Sin embargo, quizá el valor más grande de esta obra es su carácter precursor. Pedro Páramo supuso la primera piedra en el camino del realismo mágico, cuyo gran éxito llegaría de manos de otros, pero gracias a temas, técnicas y procedimientos narrativos fijados por la obra de Rulfo.

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He sido vagabunda de las dos orillas. Irreverente redomada. A ratos pacífica, dulce, a ratos ácida, fría, escéptica. Los libros salvaron mi vida. Vivo con Martí en mi bolsillo. Es por él que quiero cambiar mi Patria, y eso no es locura ni utopía: se llama justicia. Yo quiero lo justo y lo noble: lo esencial es invisible a los ojos.

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