Cada 4 de febrero es el mejor día de mi vida. Un día como hoy naciste tú, a las 8:30 de la noche. Fuiste un niño fuerte desde que el doctor Menelio te trajo al mundo. Ese doctor de ojos bondadosos y manos expertas, me dijo apenas te tuvo en brazos: “lloró sin que tuviera que darle nalgadas, será fuerte, muy fuerte”. Y así fue, hijo, todos lo afirmaban, pero yo que te tuve en brazos desde el primer momento te veía tan frágil e indefenso que allí mismo, con los ojos repletos de lágrimas y el corazón a punto de estallar de tanto amor, mirándote a los ojos, esos ojos de Bambi como siempre te digo, juré protegerte por encima de todo.

Desde que supe que estabas dentro de mí, te amé. Te sentía crecer de a poco. Sabía desde antes de conocerte que te parecerías irremediablemente a tu abuelo Tito, ese gigante bueno de manos rosadas  y ojos hermosos. Cuando llegaste al mundo ese 4 de febrero del 2011, todos nos enamoramos de ti, yo la primera. Eras ese aguacero de mayo que todos esperan, fuiste bienvenido desde que eras apenas un gusanito en el vientre de mamá.

Verte crecer ha sido el mejor regalo que me ha dado la vida. Eres mi lucecita de amor, mi farolito de alegría, mi saquito de fe, mi bultico de ternura. Estas palabras que te digo al oído cada noche mientras beso tu frente, y que tú agradeces diciendo: “mi princesa legendaria, mi belleza infinita, mi reina Mamita”, es la forma de jurarnos amor eterno.

A veces no sabes que te miro cuando duermes, en ese momento puedo ver tu alma serena, sin manchas, con toda la inocencia universal reinando en tu respiración. En ese instante eres más mío que nunca.

Cuando sufres por los niños que no tienen juguetes o cuando les dejas regalos a Papá Noel y a Jack Escarcha, cuando piensas en el viejito que vive solo en La Luna y la manera de alegrarle el día, veo tu espíritu tierno, tu bondad sin límites, y el pecho me rebosa de felicidad porque pienso que –a pesar de todo- no lo estoy haciendo mal. Por eso quiero protegerte y enseñarte a cuidarte de los vientos traidores, de la venganza, el odio y de todos esos malos seres que habitan este mundo.

Mi pequeño Dayan, algún día leerás esta carta y comprenderás muchas cosas que ahora podrían escapársete. Pero aquí dejaré plasmado en palabras el inmenso amor que siento por ti.

Eres el amor de mi vida. Mi pedacito de melocotón, mi cachito de alegría, mi coquito blanco. Estas palabras que te hacen reír desde que eras un bebé cada vez que te las digo mirándote a los ojos, son mi declaración de amor desde que te amamanté por primera vez hace ya seis años. Quiero que sepas que todas esas noches de desvelos no las cambiaría por nada, son mías…y tuyas porque conmigo las viviste.

A veces quisiera protegerte siempre de los tragos amargos, de las peleas de los primeros años de escuela, de las decepciones que te depara la vida. Pero sé que esa no es la solución. Es por ello que intento darte las armas necesarias para que aprendas a navegar solo en tu barco, dueño absoluto de tu albedrío. Es el único modo en que aprenderás a ser fuerte.

Sé que es difícil dejarte andar solo, pero tal como hicieron tus abuelos conmigo, yo estoy lista para dejarte volar, dejarte andar, nadar, caer y ascender.

No deseo para ti ni pianos, ni ingenierías, ni títulos, y mucho menos fama. No quiero hacer de ti el reflejo de ambiciones ajenas. Sólo quiero que seas una buena persona, y el mejor en lo que decidas hacer o ser. Decidas lo que decidas, tienes que hacerlo con amor y pasión, de eso se trata la vida. No pretendas ser como yo o como nadie, quiero que por encima de todo seas tú mismo, con tus altas y bajas pero tú mismo, con tu esencia.

Sé que un día no me necesitarás, que borrarás muchos de los momentos más felices donde lo más importante para ti eran los cuentos que mamá te leía. Sé que te alejarás inexorablemente de mi vida para vivir la tuya. Pero no olvides nunca que yo siempre estaré aquí para ti, en lo malo y en lo bueno, y ni la muerte nos separará si algún día sobreviniera. Recuerda siempre que en mí tienes una cómplice, una mitad, una reina Mamita.

No existe mejor momento del día para mí que cuando me tocas los dientes y me dices que soy hermosa, que me quieres hasta el mundo del espejo legendario e infinito. Esos segundos de comunión total contigo, son un regalo diario que me ofrece la vida.

A veces cuando estoy llena de preocupaciones, de esas que solo tienen los adultos, y me sonríes o me abrazas, o solamente me miras, y entonces sé que puedo derribar montañas y cruzar océanos, tú me imprimes las fuerzas que necesito cuando me siento flaquear. Solo por ti soy mejor persona, solo por ti me hago más fuerte, gigante. Tú eres mi fe de vida. Y es que por ti yo lo daría todo.

Perdona siempre mi impaciencia de a ratos contigo. Pero sabes que mi tiempo es tuyo como Momo es de Gigi, como Pippa es de Tommy y Annika, o Mumín de Tutitqui.  Solo tú conoces a estos seres mágicos que te hacen reír a carcajadas, esa risa que nos limpia el alma cada vez que la oímos.

Recuerda siempre que debes cuidar a los que te necesitan, no creer que lo sabes todo porque la verdadera sabiduría está en entender que no sabemos nada, y que la vida es un eterno proceso de aprendizaje. Brinda lo que tienes sin pedir nada a cambio. Y cuando ames a una mujer, porque lo harás, intenta ser como Papá Jorgito, que me ama por sobre todas las cosas. Haz de ella tu otro brazo, tu oído, tu voz. No olvides nunca que detrás de cada gran hombre existe una gran mujer. Sé sencillo, sincero, leal. Estos principios hazlos tuyos y llévalos contigo a cada paso.

¿Del amor a la patria qué te puedo decir? Vivimos en otra tierra, un país que nos abrió sus brazos. Y sé que la quieres, me lo dicen tus palabras cuando llegas de la escuela. Pero nuestra primera patria es Cuba. Y a ella debemos amarla como a una mamita. Recuerda a Martí que luchó para que Cuba fuera libre, recuerda siempre que admiras la valentía de ese viejito de frente blanca, que sacó al sol de la libertad del saco de los hombres malos y lo puso bien alto para que brillara en nuestra tierra. A ese Martí debes quererlo y estudiarlo siempre.

Un día comenzarás una nueva vida, una vida adulta donde se cerrarán puertas pero se abrirán ventanas. No temas vivirla. Es la única manera de hallar el sendero de esa tierra que tú llamas Felicidad. Quizás yo no forme parte de ella, quizás esté lejos. Pero recuerda siempre que desde las estrellas mis ojos te cuidarán mi alma velará por ti. Feliz cumpleaños, hijo. Te amo.

Tu mamita bella

Comenta en Facebook

Deja un comentario