El trabajo reseñado por José Martí es “La esclavitud futura”, que forma parte de un conjunto de ensayos publicados por Spencer (1820-1903), bajo el nombre “El individuo contra el Estado” publicados en la conocida revista Contemporary Review de febrero, abril, mayo, junio y julio de 1884. 

En ese mismo año Martí lo lee y decide reseñarlo en uno de sus trabajos periodísticos con el título: “La futura esclavitud”. Un año antes, el 14 de marzo de 1883 había fallecido en Londres, un contemporáneo de Spencer, el fundador del socialismo científico: Carlos Marx. En 1871 había fracasado el experimento socialista francés la “Comuna de París”. 

Pero no se trata de una mera descripción de los aspectos formales y de contenido del ensayo, sino una interrogación a las ideas de Spencer, respondidas por Martí a partir del conocimiento que tiene de las sociedades precolombinas con un sistema similar, aunque menos complejo y más atrasado en el orden evolutivo, por supuesto. 

Considero también que Martí había leído a Marx, por eso al reseñar su muerte, señala: “Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestión natural y laboriosa”. Más adelante precisa Martí: “…no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien. El veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha”. 

Para realizar valoraciones como las presentadas aquí, Martí tenía que haber leído algunos trabajos de Carlos Marx. No olvidemos que escribían para los mismos periódicos, aunque esto último es una conjetura, aventurada desde la interpretación del contenido de las fuentes. Por tanto, a la hora de reseñar críticamente a Spencer, Martí está consciente de los peligros de ambos socialismos: el descrito por Spencer y el imaginado por Marx y ya experimentado en la Comuna de París. No es una reseña convencional, la de Martí, es ante todo una alerta a las naciones americanas, sobre la necesidad de no importar moldes europeos y proyectar sociedades nacidas de lo autóctono. El socialismo de Marx, José Martí no lo veía con mucha simpatía, aunque reconoce: “Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo”. 

¿Cómo caracteriza Martí a H Spencer? 
En cuanto al pensamiento y estilo de Spencer al escribir, Martí lo hace a través de una caracterización elocuente: “cerrada lógica”, “lenguaje nítido”, “brillantez, trascendencia y peso”, “cota de maya impenetrable, “robusto caballero”, “hoja de Toledo noble y recia”, “generoso fuego”, “estilo de cureña de artillería”, “Habla, como otros en cuadros, en lecciones; tanto, que a veces peca de pontífice”. 

Objetivo de la reseña martiana 
El objetivo que se propone José Martí al escribir la reseña es que: “…Herbert Spencer quiere enseñar como se va, por excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido y luego un estado tiránico. Le seguiremos de cerca en su raciocinio, acá extractando, allá supliendo lo que apunta; acullá, sin decirlo, arguyéndolo”. 

Criterios de José Martí para rebatir los planteamientos de Spencer 
Llama al socialismo: “…nobilísima tendencia”: “nacida de todos los pensadores generosos que ven como el justo descontento de las clases llanas les lleva a desear mejoras radicales y violentas, y no hallan más modo natural de curar el daño de raíz que quitar motivo al descontento…” 

La forma de extirpar el mal de raíz: “…esto ha de hacerse de manera que no se trueque el alivio de los pobres en fomento de los holgazanes: y a esto sí hay que encaminar las leyes que tratan del alivio, y no a dejar a la gente humilde con todas sus razones de revuelta”. 

A la tendencia de que el estado controle el ferrocarril, Martí le opone: “… tambalea, porque las empresas de ferrocarriles son pocas y muy contadas, que por sí mismas elaboran los materiales que usan”. “…y como si esa otra tentativa de dar los ferrocarriles al Estado no tuviera, con varios inconvenientes, altos fines moralizadores; tales como el de ir dando de baja los juegos corruptores de la bolsa, y no fuese alimentada en diversos países, a un mismo tiempo, entre gentes que no andan por cierto en tabernas ni tugurios”. 

Contra la visión de las élites en cuanto al desarrollo civilizado Martí señala: “…como si el loabilísimo y sensato deseo de dar a los pobres casa limpia, que sanea a la par el cuerpo y la mente, no hubiera nacido en las rangos mismos de la gente culta, sin la idea indigna de cortejar voluntades populares…” 

Al referirse al papel tutelar del estado, Martí está de acuerdo con Spencer: “Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir -a lo cual jamás podrán llegar,- se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen”. 

Sobre las formas de atacar el problema de la pobreza Martí señala: “…pero esto viene de que se quieren legislar las formas del mal, y curarlo en sus manifestaciones; cuando en lo que hay que curarlo es en su base, la cual está en el enlodamiento, agusanamiento y podredumbre en que viven las gentes bajas de las grandes poblaciones, y de cuya miseria -con costo que no alejaría por cierto del mercado a constructores de casas de más rico estilo, y sin los riesgos que Spencer exagera- pueden sin duda ayudar mucho a sacar las casas limpias, artísticas, luminosas y aireadas que con razón se trata de dar a los trabajadores, por cuanto el espíritu humano tiene tendencia natural a la bondad y a la cultura, y en presencia de lo alto, se alza, y en la de lo limpio, se limpia. A más que, con dar casas baratas a los pobres, tratase sólo de darles habitaciones buenas por el mismo precio que hoy pagan por infectas casucas”. 

Sobre esa tendencia hacia un socialismo de estado que intuye Spencer en el futuro, Martí reconoce: “… el edificio venidero, de veras tenebroso, y semejante al de los peruanos antes de la conquista y al de la Galia cuando la decadencia de Roma, en cuyas épocas todo lo recibía el ciudadano del Estado, en compensación del trabajo que para el Estado hacía el ciudadano”. 

Sobre el funcionarismo que generaría este socialismo de estado como tendencia futura, Martí señala: “Henry George anda predicando la justicia de que la tierra pase a ser propiedad de la nación; y la Federación Democrática anhela la formación de ‘ejércitos industriales y agrícolas conducidos por el Estado.’ Gravando con más cargas, para atender a las nuevas demandas, las tierras de poco rendimiento, vendrá a ser nulo el de éstas, y a tener menos frutos la nación, a quien en definitiva todo viene de la tierra, y a necesitarse que el Estado organice el cultivo forzoso. Semejantes empresas aumentarían de terrible manera la cantidad de empleados públicos, ya excesiva. Con cada nueva función, vendría una casta nueva de funcionarios. Ya en Inglaterra, como en casi todas partes, se gusta demasiado de ocupar puestos públicos, tenidos como más distinguidos que cualesquiera otros, y en los cuales se logra remuneración amplia y cierta por un trabajo relativamente escaso; con lo cual claro está que el nervio nacional se pierde. ¡Mal va un pueblo de gente oficinista!” 

De concretarse la tendencia hacia un socialismo de estado que cree avizorar Spencer, Martí evalúa lo que sucederá con el ejercicio del poder: “Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, lo iría perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad en esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que plugiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquéllos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos y por aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. ‘De mala humanidad -dice Spencer- no pueden hacerse buenas instituciones.’ La miseria pública será, pues, con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre”. 

Sin embargo Martí deja abierta la posibilidad del cambio revolucionario cuando crítica a Spencer al no “…señalar con igual energía… los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra con guineas”. 

Martí cierra la reseña con un final salomónico: “Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.” 

Ultílogo 
Esta lectura de la reseña del ensayo de H. Spencer “La esclavitud futura”, que José Martí redactara bajo el sugerente título “La futura esclavitud”, nos colocó ante la disyuntiva de encontrar el pensamiento del Apóstol, sobre una cuestión tan interesante como el socialismo de estado, que en aquella época, según la descripción de Spencer, se movía como destino hacia ese proyecto de sociedad. 

En ningún momento Spencer lo asume como modelo de desarrollo, más bien lo que hace es describir los elementos negativos que están ocurriendo en Inglaterra que apuntan hacia eso y que deben evitarse. 

Al leer la reseña crítica que hace José Martí, muchas veces lo que hace es recrear pasajes del ensayo original del autor, pero otras, como las demostradas en este ensayo, se compromete al emitir su criterio sobre las cuestiones señaladas. Su lectura crítica y juiciosa desde hoy le da una contemporaneidad extraordinaria a este texto del Héroe Nacional de Cuba.

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