Siempre, desde los tiempos de la gloriosa civilización romana, tomada como ejemplo por su gran capacidad innovadora que aún sorprende, las técnicas utilizadas para la manipulación de masas han tenido como objeto que los poderosos mantengan su cuota de poder, ejecutadas de forma sutil y soterradas, el fin perseguido está en lograr que el mayor número de personas siguieran la ejecución de cualquier plan de forma vehemente, ofreciendo así todas las garantías de éxito a quienes las ponían en práctica.

Los estratos socioeconómicos más bajos y por lo tanto, con menor nivel de especialización han sido tradicionalmente el público objetivo, de lo que ha venido denominándose como “pan y circo”. Evitar las revueltas sociales manteniendo bajo control a las masas haciendo que pensaran lo menos posible, ha resultado siempre muy eficaz.

Para los regímenes dictatoriales es esencial contar con un sistema de comunicación bien planeado y de funcionamiento óptimo que transmita eficazmente la información previamente seleccionada y controlada por los funcionarios gubernamentales, ya que es una forma que los mismos tienen de asegurar la permanencia del gobierno en el poder.

Es por ello que el gobierno de Cuba ha ideado excelentes mecanismos para sostener y legitimar un poder que dura más de medio siglo. ¿Qué dicen de los reconocidos “carnavales”? Juergas y peleas, donde el pueblo se “entretiene”, mientras el estado distrae su atención ante la falta de alimentos y los precios excesivos del mercado. Luego, pasada la diversión, la masa se siente  vacía y con los bolsillos aún más vacíos, pero el objetivo ha sido logrado. De igual manera preparan los play-off de pelota para mantener a los fanáticos a “raya”.

Igualmente, para mejorar la imagen ante un pueblo inconforme y algo molesto, se dieron a “la tarea” de repartir el famoso “módulo de los calderos”. Los ciudadanos –en aquel momento- se deslumbran, acostumbrados a vivir en la escasez constante, con aquellos utensilios relucientes pero no reparan en el precio excesivo que tendrán que pagar a créditos.

Más tarde acudirá la inconformidad, luego de poner la cabeza en la almohada y hacer sus cuentas. Lo mismo sucedió con el cambio de los refrigeradores, pero con un mayor impacto, pues esos cuestan siete mil pesos en moneda nacional, y muchos no han logrado cancelar la deuda, debido a los bajos salarios que perciben.

Asimismo pasó con la campaña mediática que orquestaron para que les devolviesen a Elián, cosa que hubiese sido posible de todas formas, con sólo

una reclamación oficial y personal por parte de su padre. Pero el gobierno cubano manejó los hilos para mantener distraída la mirada internacional una vez más cuando Cuba pasaba por un momento tenso de desmembramiento económico y social.

Procesos similares a este han venido ocurriendo a lo largo de toda la historia de la política cubana. En períodos más actuales, la búsqueda de figuras que pueden atentar contra el orden social y la seguridad nacional, o -como según afirma el vocero Granma-la fabricación de una oposición política inexistente con el dinero de los contribuyentes de EUA, es la prioridad. Resultaría risible si no fuera una cuestión delicada y deshumanizadora, que a estas alturas sigan “creando” enemigos, cuando el enemigo subyace allí, lo disfrazan cada día de “estado gubernamental”.

El derecho más preciado del ser humano es el de comunicar libremente su pensamiento y sus opiniones. Ninguna ley debe restringir arbitrariamente la libertad de expresión o de prensa. Ningún gobernante se debe arrogar el derecho de poder difundir informaciones falsas y “arregladas”, ni realizar campañas de propaganda ideológica, u otras manipulaciones.

Para ello, una relación entre política y medios dentro de un contexto ético, debe responder a las necesidades de progreso de la sociedad, al compromiso ético del ejercicio político por la defensa de los valores universales del humanismo como la paz, la democracia, los derechos del hombre y el progreso social respetando las diferencias de cada cultura; donde además deben ser partícipes de las transformaciones sociales que van en orden al desarrollo democrático a través del diálogo y el entendimiento entre los ciudadanos. Algo que no ha aprendido el régimen cubano. Ya le tocará al próximo gobierno elegido democráticamente sentar las bases de este necesario respeto.

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