Hoy es un día especial…muy especial: HOY ES EL DÍA DEL MAESTRO. Y no puedo dejar pasar este día sin hablar de mi papá. ¿Quién es mi papá? Mi papá es el hombre que me enseñó a andar, a montar bicicleta, que me dejó ponerle rulos en el pelo y recortaba “cuquitas” para que yo jugase. Cantó conmigo en las noches eternas de “apagones”, y me enseñó que Maceo y Martí fueron grandes, y que había que honrarlos a como diese lugar. Fue quien, cuando yo solo tenía cuatro años, me enseñó a leer y me mostró el secreto y la magia que encierran los libros.

Ese hombre bajito de mirada lúcida y frente amplia, tan parecido a Martí, me enseñó valores profundos del espíritu, me enseñó que no se baja la cabeza, que no se da la espalda a los problemas, que la verdad por encima de todo. Todavía lo veo llegar tarde en la noche, a tiempo para leerme un capítulo de Pippa Medias largas, o para abrazarme en medio de mis más terribles pesadillas. Lo vi amar a mi mamá hasta en los momentos más duros. Me dio la medida del verdadero amor.

Mi papá es MAESTRO, así con mayúsculas, educa más que enseña. Al decir del gran José de la Luz y Caballero, mi papá es un “evangelio vivo”. Y tengo por testigos a los cientos de alumnos que andan diseminados por este mundo y que no me dejarán mentir. Con su ejemplo le dio su más preciado tesoro a todos los que fueron sus discípulos. A ratos severo, a ratos risueño, no desperdició ocasión para enseñar todo lo que sabía, y sabe.

Yo también fui su alumna, y me enseñó bien. Además de la Historia de Cuba que sabe a profundidad, con él aprendí que la grandeza es nada si no se tiene humildad, que los héroes verdaderos surgen solos, no se fabrican. Que la vida se debe llevar con decoro, que no hay nada que dé más paz que poner la cabeza en la almohada con tranquilidad. Lo vi, en tiempos duros del período especial, quitarse su comida para dármela a mí y a mis hermanas. Lo vi luchar por nosotras junto a Mimi, con uñas y dientes. Lo vi ser Papá.

Recuerdo que muchas veces, lo vi llorar en silencio por las noches tras la muerte de mi hermana Damaris, y lo amé…no comprendía qué significaba ese dolor en toda su extensión pero lo amaba más en esos instantes de sufrimiento.

Reímos con Rita y Paco, con Así era entonces. Lo sofocaban las películas de más de tres personajes porque se enredaba con las historias, y yo acudía en su auxilio para explicarle la “incomprensible” trama. Fue mi más paciente lector, mi más duro crítico, mi oasis de paz en la rebelde adolescencia. Nadie como él para comprenderme, para respetar mis decisiones, mis silencios. Fue el cómplice más leal que he conocido.

Nadie como él para enseñarme el verdadero sentido de la palabra PAPÁ. Me hizo una mujer entera, con valores inquebrantables. Me dijo que esa frase que los militares pregonan: “donde comienza el deber termina la amistad”, es mentira, puro cuento, que lo verdadero es: “donde comienza el amor, empieza el deber”. Hoy debo decir que estoy orgullosa de este hombre, con sus luces y sombras, pero orgullosa al extremo de que se humedezcan mis ojos. Él es mi héroe. Fuimos Tom y Jerry, Batman y Robin, Peter Pan y Wendy, fuimos el infinito, él es mi PAPÁ. Me dio alas para volar. Jamás detuvo mi vuelo, aunque intentara volar muy cerca del sol.

No pretendió ver en mí lo que él no pudo ser, sino que me dio la oportunidad de ser como yo quise ser, y al final me hice MAESTRA como él, porque no vi mejor homenaje y mejor regalo para él que ser así. Siempre, por duras que estuvieran las circunstancias, estuvo a mi lado. No siempre nos entendimos, pero a la larga lo intentamos y vencimos las incomprensiones y las asperezas. Él es mi otro yo, mi mejor compañero, mi maestro esencial, mi fe de vida.

Hoy está viejo, aunque lúcido y ágil como un muchacho, y sigue enseñándome con su amor y su ejemplo. Hoy estamos lejos…a miles de kilómetros de distancia, pero más cercanos que nunca, pues sus palabras laten en mi oído cada noche: “Gretther, cuida mucho al niño, siempre debes recordar que los hijos son el verdadero tesoro, que yo por ti lo daría todo. Lucha por tus principios a muerte, no claudiques nunca, y no temas…eres fuerte como tu mamá. Por encima de todo, yo te QUIERO”.

Ese es mi papá, y no sería una buena hija si no compartiera hoy con mis amigos lo especial  y único que es. Es él y nadie más, la razón por la cual soy lo que soy.

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He sido vagabunda de las dos orillas. Irreverente redomada. A ratos pacífica, dulce, a ratos ácida, fría, escéptica. Los libros salvaron mi vida. Vivo con Martí en mi bolsillo. Es por él que quiero cambiar mi Patria, y eso no es locura ni utopía: se llama justicia. Yo quiero lo justo y lo noble: lo esencial es invisible a los ojos.

2 Comentarios

  1. Que lindo esto Gretther. Un padre es como un maestro y el tuyo lo era de profesion y corazón. Se sabe que se es buen padre cuando tienes hijas que se arrancan el corazon y lo entregan, como lo haces tu. No te detengas, todos los padres del mundo necesitamos que nos digas esas cosas.

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