A mis amigos de la escuela primaria…a mis maestros… a mi papá, a María Elena, a ese pueblo de tierra roja y corazón blando… A Armandito, que se fue demasiado pronto.

Hoy quisiera estar contigo, pueblo.

Quisiera disfrutar de la alegría de volver. Hoy quiero estar con todos, amigos, emocionados, deslumbrados por el renacer de una flor. “Discutiendo porque el globo estalló, emborrachándonos de risa y dolor”. Aún recuerdo las risas adolescentes, despreocupadas. Las excursiones a la Finca de Troncoso, la cantera y los actos temerarios que allí hicimos. Nuestros bailes, nuestra unión de pandilla, los secretos, las conspiraciones, la lealtad de los amigos. Los Festivales y las canciones, los campismos y la escuela en el campo… Mis amigos y yo.

Quisiera volver. Pero crecimos pronto, cambiamos los juguetes por fanfarrias y conceptos adultos. A muchos nos mataron la fe, la risa, los sueños, y nos marchamos. Otros, simplemente, decidieron viajar a países lejanos con la fe intacta. Bienaventurados ellos.

Es el pueblo donde naces y luego la patria, lo que te hace añorar. Es en el pueblo donde tienes a tu primera amiga, al primer amor, el primer revés, la primera travesura, la última tristeza. Ese pueblo de tierra roja y corazón blando donde yo nací, armó mi vida y la coció. Allí tuve la dicha de tener profesores de la talla de Varela y de Martí. En mi corazón siempre tendré a mi maestra Graciela, a William, a Regla, a María Elena, a Idalia, a Milagritos, a Nana, a Miriam. Ellos dieron rumbo a mi vida profesional de cierta forma. Conmigo tendré a Ernestico (nuestro niño eterno), a Tingo, a Cagüesa (el loco del pueblo), a Armandito, a Mimi, a Lelo y Lela, a todos los que le dieron sentido a una niñez hermosa, definitoria. Y estas raíces son las que te abren el dique a la nostalgia.

Ahora quiero hablar de la Patria.

Hoy quiero recordar que Cuba no es ni Fidel, ni el malecón ni la bandera. Cuba es más…mucho más. Cuba son los vecinos, es el amor de la familia apretujada en un solo cuarto, es poder visitar a tu madre y decirle: “vieja, llegué”. Cuba son los amigos, la tierra, los juegos en la calle, las historias en medio de apagones, la cercanía de un beso. Y poder gritar: esa bandera, ese cielo…ese aire es mi tierra…mi patria, mi país.

 

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Extraño la tendencia antropofágica cuando en mi islita dicen: “Se la comió”, que es una expresión de admiración. Esa voluntad piromaniaca de “ser la candela” que es lo mismo que ser cumbre. Y amamos tanto la contradicción que llamamos a las mujeres hermosas “monstruos” y a los eruditos “bárbaros”; y cuando se le pide un favor a un cubano no dice “sí” o “no”, sino que dicen “sí, cómo que no”. Esa calidez es incomparablemente bella, sublime.

Los cubanos intuyen las soluciones aún antes de conocer los problemas. De ahí que para ellos “nunca hay problema”. Y se sienten tan grandes que a todo el mundo le dicen “chico”. Pero ellos no se achican ante nadie. Si se les lleva al estudio de un famoso pintor, se limitan a comentar “a mí no me dio por pintar”. Y van a los médicos, no a preguntarles, sino a decirles lo que tienen. Esta ingenuidad hiperbólica es la que nos hace genuinos, CUBANOS.

Extraño el espíritu universal e irreverente de los cubanos. Los cubanos creen simultáneamente en el Dios de los católicos, en Changó, en la charada y en los horóscopos. Tratan a los dioses de tú y se burlan de los ritos religiosos. Dicen que no creen en nadie, y creen en todo. Y ni renuncian a sus ilusiones, ni aprenden de las desilusiones. Con cubanía se nace, y cuando te marchas la añoras.

Hoy quise estar de vuelta y la cruda realidad me devolvió a otro país igual de bello pero que no me pertenece…al emigrante nada le pertenece. No es el modo de vida lo que se extraña cuando te marchas. No es el nivel exhaustivo de trabajo lo que te quiebra…es tu gente, tu tierra lo que se añora, lo que no se halla ni en los paisajes más bellos de estos Andes tumultuosos de belleza salvaje. Es esa falta de raíces lo que te hace sentir que todo lo pasado fue hermoso.

Duro es el exilio, cuando los que te hacían reír a carcajadas están a países y continentes de distancia. Se envejece rápido siendo extranjero. El exilio y la soledad acompañan al que se va y al que se queda. Y cuanto más solo está el que se queda, tan extranjero es como el que se va. En silencio, se llorará a la patria.

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