Imagine there´s no heaven

It´s easy if you try

No hell below us

Above us only sky

Imagine all the people

Living for today

   Imagine, John Lennon

 

El día que mataron a Lennon yo no nacía aún. Demoré dos años en aparecer por el planeta. Mi generación conoció de la beatlemanía mediante ecos. Pero aún así, somos muchísimos los que nos enamoramos perdidamente de los Beatles y su líder: John Winston Lennon.

John Lennon, ex Beatle, ícono del rock, activista político, esposo y padre moría impactado por cuatro de los proyectiles. Su asesino, Mark David Chapman, era un fanático desequilibrado que había viajado desde Hawaii y esperado todo el día frente a la residencia del músico para cometer el acto que lo vincularía para siempre con su ídolo.

Estos hechos son bien conocidos, tanto por aquellas generaciones que recuerdan esa lamentable noche como por los que se han informado a través de la divulgación mediática. Nada de lo que se ha dicho y analizado a lo largo de los años, sin embargo, ha podido darle razón a la tragedia ni cerrar del todo la herida colectiva que causó.

Yo nací en 1982, tardé 13 años en descubrir a Los Beatles, pero a partir de que escuché Hey, Judge no pude dejar de buscar sus temas. Supe de la vida de John Lennon por Nobel, un viejo amigo que sí vivió la beatlemanía, y sufrió como pocos la muerte del ícono de la canción protesta.

Cuenta mi amigo: “Entré en una especie de “shock” pues fui, soy y –me temo- seguiré siendo fanático de los Beatles, especialmente de John. Mi niñez y adolescencia estuvieron inundadas por su música y mística y mi afición se intensificó cuando el grupo se separó. Y es que Lennon le ponía todo su ser a la música que componía, así que los que lo escuchaban también lo conocían de cerca, de algún modo.”

“Ese día se hizo un vacío en mí. Y el dolor era doble, pues en Cuba por esos años apenas se podían escuchar a los Beatles, era un lío hacerlo. Te podían hasta botar de la escuela. Pero nosotros, los raritos de Mocha, lo escuchábamos en un Selena, al fondo de la casa de Noli.”

“Me puse a pensar si otras personas sentirían lo mismo. Obtuve la respuesta en una breve noticia en el televisor durante el noticiero. Más tarde supe por un amigo que cientos de miles de personas lloraron, encendieron velas, escribieron grafittis en las paredes del estudio EMI, cantaron canciones para darle un sentido a lo sucedido. Entonces comprendí que el mundo entero sintió en lo más profundo, la muerte de este genio. Yo lloré escondido con otro amigo, en un matorral de la escuela donde estábamos becados. Si nos veían, nos la aplicaban”.

Esta confesión tardía de Nobel, despertó en mí -más que nunca- los deseos de escuchar a Los Beatles, a Lennon en solitario. Y a mí se sumaron amigos, compañeros de clases. Tuvimos la suerte de escucharlo sin sobresaltos, sin censuras, en CD, pero sospecho que la magia no fue la misma que cuando estuvo prohibido. Creo que esos lo amaron más, lo comprendieron en toda su magnitud. Pero de igual forma lo disfrutamos, lo bebimos, lo adherimos a nosotros; algunos hasta se dejaron el pelo largo.

Al pasar los años, es natural que el impacto de esa noche vaya quedando atrás, los antiguos dolores son reemplazados por nuevas penas y todos estos son resanados por esporádicos momentos de felicidad.

Con la edad, el fanatismo por los Beatles, como por otras cosas, se ha ido atenuando, aunque no del todo. Me doy cuenta que esa parte de la vida no va a desaparecer.

Dicen los que vivieron en Abbey Road, la calle donde están los estudios EMI, que siempre hay grupos de personas a todas horas y de todas las edades. Algunas, estoy segura, cuyos padres no pueden haber tenido memoria de la muerte de John Lennon.

El día que mataron a Lennon
Muro de los estudios de grabación EMI

Hoy día todavía están ahí. Tomándose fotos cruzando la calle y dejando sus firmas y mensajes en los muros de los estudios EMI. Un acto de memoria colectiva, como un mito religioso pasado de generación en generación.

Cada dos o tres meses, las autoridades municipales pintan de blanco los muros de EMI intentando borrar el graffiti de los fanáticos con el barniz de la indiferencia y el olvido. Las paredes no duran un solo día blancas.

Lennon permanecerá siempre, hasta el final de los días, imaginando un mundo mejor, cantando Woman, dejando la letra de Beautiful Boy en un cuaderno, sonriéndole a Yoko por encima de sus gafas, en un parque de una islita llamada Cuba, en los viejos y en los nuevos. De alguna manera siempre estará, prevalecerá. Nos enseñó a imaginar un mundo mejor. La fuerza telúrica de sus canciones empujará a otras generaciones a construir, a hacer, a soñar. Y es que los hombres se marchan, pero sus obras permanecen para toda la vida.

E día que mataron a Lennon
Parque de Lennon, La Habana, Cuba

 

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