Hace ya veinte años que las ideas de llevar sus muñecos y marionetas a la pantalla rondaban en la mente de Bárbaro Joel Ortiz, un joven artista cubano nacido en Matanzas, ciudad de la región central de la isla de Cuba. Desde su juventud, Joel recorría las calles de la Habana con sus muñecos bajo el brazo buscando la más pequeña posibilidad de hacer realidad su sueño: realizar una película en stop-motion.

Luego de arduo trabajo y muchas privaciones, lo logró. El corto animado 20 años vio la luz.

Joel Ortiz estudió en el Instituto Superior de Arte de la Habana, en la especialidad de pintura, y después buscó trabajo en algún lugar donde sus ideas pudieran encontrar una identidad marcada por su devoción hacia el stop-motion. Hubo un lugar realmente mágico, donde la fantasía y la ilusión iban juntas de la mano, un retiro que abrió sus puertas al realizador para enseñarle el delicado oficio del titiritero, y descubrir con él los intrincados misterios de una apasionada conspiración artística que se vivía en el Teatro de Títeres y Marionetas de Matanzas. Este sitio acogió al artista, quien asegura que fue una etapa muy necesaria en su vida. Allí aprendió, desde dentro, como transcurría el proceso de creación en una puesta en escena para títeres, trabajando en la confección de muñecos y escenarios, aprendiendo las viejas herramientas y trucos que, desde hacía muchos años, escondía el viejo teatro de figuras animadas como antecesor del cine de animación. Descubrió cómo alcanzar estrategias dramáticas incluso en la actuación de los muñecos de madera, etapa que completó su formación y reafirmó su inclinación al cine de animación con muñecos.

Aquí dejamos este corto para que disfruten de la excelencia creativa de un talentoso artista.

 

Comenta en Facebook
Artículo anteriorEl libro de los abrazos: mirar de cerca
Artículo siguienteEl Hambre
El sentido de este espacio es marcar la diferencia, pero ante todo, respetarlas. Queremos que en estos tiempos convulsos y agrios, la palabra fructifique y se expanda. Alguien muy sabio dijo una vez que aquellos que tienen el privilegio de saber tienen la obligación de actuar. Es lo que hoy le pedimos a todo aquel que desee colaborar con Lluvia de Mayo: que si saben y pueden, actúen desde su palabra, su testimonio, su saber. Al fin y al cabo “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, pueden cambiar el mundo”. Bienvenidos todos a Lluvia De Mayo. Siéntanse libres de escribir, opinar, disentir y debatir sin miedo a la censura. Siempre que prime el respeto, la cultura del debate y la paciencia, pueden hacer de este sitio su hogar.

Deja un comentario